Posteado por: elbesoperfecto | octubre 4, 2009

02.- sweet love for planet earth

El sonido. El muro de sonido. El sonido total. Eso ha sido este fin de semana Fuck Buttons, primero después de verles el viernes en Experimentaclub’09 y luego en casa, repasando “Street Horrrsing”, que es un disco de cuidado. Una enorme llanura a 4.000 metros de altura, el desierto de Atacama, un campo base antes de atacar sin oxígeno la cima virgen del Hatchenpunga. Algo así. Tan hipnóticos como Animal Collective y tan densos como My Bloody Valentine, y a la vez tan distintos de unos y otros; pero sí, hay algo tribal en su música, casi primitivo. Tambores de guerra. Algo primario. Como el miedo, al fin y al cabo, que es de lo que venía a hablar aquí y ahora.

El miedo. O la ausencia de miedo (aunque eso es más cosa de Anntona). Querido miedo, que dirían Migala, con un vídeo en blanco y negro que deja pensando precisamente en eso, en lo que no podemos controlar aunque queramos. Y hoy, de nuevo, siento el miedo. Iba a empezar “El país del miedo” (Isaac Rosa), pero lo voy a dejar al menos hasta finales de año. En realidad es un miedo a lo que está por venir, a una nueva decepción; a los porcentajes. El miedo a la ciencia, porque de hecho la ciencia es mucho más cruel que la fe; una letanía, una oración, un Rosario completo, un Padrenuestro, el Sermón de la Montaña, el olor a incienso que me mareaba de pequeño, las velas consumiéndose, la cera derramándose hasta caer en el suelo, el rito, el ritual, rodillas en el suelo, las peregrinaciones, el pecado, el sacrificio, la penitencia, el penitente, la promesa, el dolor, el perdón, la duda, la razón, el costado, la sangre, la corona y las espinas, el milagro… todo eso y más. Conservo la fe, claro que sí, por encima de la ciencia, porque la ciencia es lo que no controlo, lo que se escapa del entendimiento y el diagnóstico, lo que queda a merced de un porcentaje, de un positivo/negativo, de un tratamiento x+y+z; incertidumbre, nada más; el método de la prueba y el error, y quizá el acierto. La fe, en cambio, está ahí, sin más: permanece, de manera eterna, como el sonido de Fuck Buttons; eterno en su inmensidad. No hace falta entenderlo, y es mejor así. Primario, irracional, a veces como un auténtico rito, y siempre con la certeza de que ese sonido está ahí, inamovible.

El miedo y la fe. El sonido y la fe. Una planicie, un lago helado, una iglesia vacía. Fuck Buttons: una nueva religión.


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